14 de julio de 2026
Península de Paraguaná, Estado Falcón Venezuela
Tendencias

Experta explica cómo la comida ultraprocesada y las pantallas dañan el cerebro infantil

En el mundo actual, la crianza de los hijos se ha transformado en un desafío sin precedentes para las familias. Las dinámicas del hogar ya no se parecen a las de hace unas décadas, pues el entorno cotidiano está saturado de estímulos constantes que compiten por capturar la atención de los más jóvenes.

Hoy en día, los niños crecen rodeados de innovaciones tecnológicas y opciones alimentarias que prometen comodidad y entretenimiento inmediato. Sin embargo, detrás de esta aparente modernidad, se esconde una realidad preocupante que afecta directamente el bienestar emocional de las nuevas generaciones.

Diversas investigaciones señalan un incremento alarmante en los niveles de ansiedad y una notable disminución en la seguridad y felicidad de los menores. Esta situación no se debe a una falta de compromiso por parte de los padres, sino a que las reglas del juego han cambiado drásticamente debido a sutiles estrategias de mercado.

La química del consumo

De acuerdo con la química y periodista científica Michaeleen Doucleff, tanto los alimentos ultraprocesados como las pantallas de los dispositivos digitales comparten una misma estrategia oculta: están rigurosamente diseñados por ingenieros y científicos para generar un deseo incontrolable en los niños.

La experta explica que estos productos actúan de la misma manera sobre el cerebro humano, alterando el sistema de recompensa y estimulando la producción de dopamina de forma artificial.

Este mecanismo neurológico es el encargado de activar las ganas, los antojos y la motivación para buscar aquello que el cuerpo cree necesitar para sobrevivir. Sin embargo, a diferencia de los estímulos naturales, como beber agua cuando se tiene sed, los productos industriales y las aplicaciones digitales están programados para que el consumo nunca pare, atrapando a los usuarios en un bucle continuo de insatisfacción y sobreconsumo.

Frente a esta situación, Doucleff aclara que la solución no radica en privar a los menores de la diversión, sino en enseñarles a redescubrir el verdadero placer. El auténtico bienestar no se desvanece en cinco minutos; por el contrario, añade color a la vida y genera un optimismo prolongado que puede durar todo el día.

Al normalizar el sistema de recompensa mediante actividades del mundo real, los niños logran comprender que la vida fuera de las pantallas y los químicos es mucho mejor.

Fuente: 2001

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