A casi tres décadas de aquella fatídica madrugada, la fascinación por su figura, su carisma y su prematura partida sigue intacta. Pero, ¿quién era realmente la mujer detrás de la corona y cómo fueron sus últimas e intensas horas de vida?
El origen de la «Princesa del Pueblo» y el mito del cuento de hadas
Tras separarse en 1992, la pareja formalizó su divorcio en agosto de 1996, despojando a Diana de su tratamiento de Alteza Real, pero otorgándole una dolorosa y ansiada libertad que solo pudo disfrutar durante un año.
Una maternidad revolucionaria y fuera de protocolo
Diana desafió las rígidas normas de la crianza real británica desde el primer día. En lugar de dejarlos bajo el cuidado exclusivo de institutrices en palacio, insistió en llevarlos consigo en sus viajes oficiales, los acompañaba al colegio y se esforzó por mostrarles una vida común fuera de las burbujas reales.

El legado humanitario que rompió estigmas globales
Lejos de limitar su rol a eventos formales, Diana de Gales utilizó su inmenso poder mediático para dar visibilidad a causas profundamente estigmatizadas en las décadas de 1980 y 1990. Por ejemplo, su lucha contra el VIH/SIDA.
También la eliminación de las minas antipersona cuando en enero de 1997, bajo el auspicio de la Cruz Roja, Diana viajó a Angola. Equipándose con un chaleco protector y un visor, caminó por un campo de minas activas en Huambo para llamar la atención sobre el peligro que sufrían miles de civiles amputados. Su valentía fue crucial para la posterior firma del Tratado de Ottawa en diciembre de ese año, el cual prohibió internacionalmente estos artefactos.

Su labor humanitaria fue tan profunda que incluso líderes históricos como Nelson Mandela elogiaron públicamente su capacidad para transformar la percepción social hacia los más vulnerables.
La fatídica madrugada del 31 de agosto de 1997
En el carro viajaban cuatro personas: Henri Paul (subdirector de seguridad del Ritz) al volante, Trevor Rees-Jones (guardaespaldas de la familia Fayed) en el asiento del copiloto, Diana de Gales y Dodi Fayed en los asientos traseros. Lamentablemente, ninguno de los ocupantes llevaba abrochado el cinturón de seguridad.

El impacto en el túnel de l’Alma
A las 00:23 horas, Henri Paul perdió el control del vehículo, rozó un Fiat Uno blanco que nunca pudo ser localizado con certeza, y chocó de frente contra la columna número 13 que sostenía el techo del túnel.
Dodi Fayed y Henri Paul murieron de forma instantánea. El guardaespaldas Trevor Rees-Jones sobrevivió milagrosamente con graves heridas en el rostro. Diana quedó atrapada en el amasijo de metal, gravemente herida en el pecho, pero inicialmente consciente. El médico Frederic Mailliez, que pasaba casualmente por el lugar, fue el primero en asistirla mientras los fotógrafos continuaban tomando fotos de la trágica escena.
Tras un complejo rescate y sufrir un paro cardíaco en el túnel del que logró ser reanimada temporalmente, Diana ingresó al Hospital Pitié-Salpêtrière a las 02:06 horas. A pesar de los esfuerzos desesperados de los cirujanos por cerrar una rotura en la vena pulmonar izquierda y reanimarla directamente al corazón, la gravedad de sus hemorragias internas fue irreversible. A las 04:00 de la madrugada, Diana fue declarada muerta.
El dolor de un mundo en shock y el adiós definitivo
Finalmente, el cuerpo de la princesa fue trasladado al hogar de su infancia, la finca de la familia Spencer en Althorp. Allí fue sepultada en una ceremonia íntima en una isla en medio del lago conocido como The Oval, vistiendo un elegante diseño negro de Catherine Walker y sosteniendo entre sus manos un rosario que le había obsequiado su confidente, la Madre Teresa de Calcuta (quien falleció curiosamente el día anterior al funeral de Diana).

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