Desde mi consulta, constato las dificultades en el aprendizaje que presentan los niños y niñas por la ausencia de sus padres, esto ha generado un sentido de orfandad, y no sólo institucional sino social, donde un diagnóstico en mi consulta explica el cuándo, el cómo, pero sólo quienes asumieron y continúan asumiendo el rol directo de cuidadores conocen de cerca los efectos colaterales, sociales, afectivos y psicológicos que presentan los llamados niños de la diáspora.
Dentro de las principales causas de esta orfandad, considero las siguientes:
Niños que quedaron al cuidado de abuelos y familiares cercanos mientras sus padres migraron en busca de estabilidad económica. Son niños que hoy presentan una situación precaria, abandono, pobreza extrema; viviendo en algunos casos vulneración de derechos y violencia generalizada, la vulnerabilidad extrema: desnutrición, falta de acceso a vacunas y por supuesto, deserción al sistema escolar. Potencialmente expuestos a el riesgo de abuso, al carecer de una red de apoyo, blancos seguros a sufrir explotación sexual y maltratos.
Luego nos encontramos con padres que migraron y luego sus hijos fueron entregados en adopción, dejados en instituciones de protección o llanamente niños que sobreviven en las calles; en situación de calle, producto de ésta desintegración familiar y la falta de apoyo estatal.
Y en última instancia, el incremento del fallecimiento de los principales cuidadores debido a la falta de acceso a medicamentos e insumos médicos.
El impacto que ha generado esta orfandad en los huérfanos del presente, conlleva a una invisibilización sistémica donde la corresponsabilidad educativa (la familia – escuela – estado) conduce a una deprivación socio-afectiva, a un rezago escolar condicionado y por supuesto a alteraciones en los procesos de andamiaje cognitivo.
Venezuela requiere con urgencia un modelo pedagógico de contingencia para el personal psicoeducativo que aborde la realidad crítica del contexto venezolano: niños en orfandad, huérfanos del presente, los llamados niños de la diáspora.
El impacto multidimensional que ha generado el éxodo migratorio y la vulnerabilidad estructural de las realidades no es sólo un fenómeno sociológico, sino un quiebre en los procesos de aprendizaje, apego y desarrollo cognitivo y emocional en la niñez venezolana.
Donde es necesario dejar de ver y colocar etiquetas y comenzar a observar las biografías. Sin cuidados parentales directos, sin redes de apoyo y sin protección gubernamental, nuestros niños venezolanos carecen de la verdadera riqueza: familia, salud y educación.
Julie Naidelis Jiménez Hernández
Magíster en Dirección y Liderazgo para la Gestión Educativa Licenciada en Educación | Psicopedagoga
Correo: julie.jimenez.hernandez@gmail.com Teléfono / WhatsApp: +58 4220618888
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