El cuidado de las extremidades inferiores suele ser una tarea olvidada en las rutinas de higiene personal. Con frecuencia, las personas prestan atención al estado de su piel solo cuando se aproximan las temporadas calurosas o al momento de utilizar calzado descubierto. Sin embargo, los profesionales de la salud insisten en que la atención debe mantenerse de forma constante durante todo el año para evitar complicaciones graves.
Con la llegada del buen tiempo y el incremento de las actividades al aire libre, los pies quedan expuestos a temperaturas extremas, falta de protección y al roce directo con materiales sintéticos. Esto ocasiona un aumento progresivo en la sequedad, lo cual deteriora la elasticidad natural del cuerpo.
A diferencia de lo que se piensa, las alteraciones dérmicas como la rugosidad o las pequeñas descamaciones no representan solo un detalle de apariencia, sino que constituyen respuestas de defensa ante presiones excesivas o una falta severa de humedad.
Adoptar hábitos diarios de prevención y seleccionar los productos adecuados resulta imprescindible para mantener la estabilidad muscular, la piel tersa y una pisada saludable a largo plazo.
Hidratación para frenar las grietas
Diversas podólogas señalan que la clave fundamental para evitar grietas en los talones es hidratar los pies a diario, independientemente de si ya presentan daños visibles. Para lograr un resultado efectivo, las expertas recomiendan utilizar cremas específicas que contengan urea en su fórmula.
Este ingrediente ayuda a que las capas más profundas de la piel absorban mejor el agua y se mantengan flexibles. Las especialistas María Jesús Lechuga e Idoia Pascalet coinciden en que la constancia al aplicar el producto, de preferencia después del baño o antes de dormir, marca la diferencia. Asimismo, aconsejan no colocar crema entre los dedos para evitar acumular humedad en esa zona.
Otro factor determinante consiste en moderar el uso de sandalias completamente planas, reservándolas únicamente para ir a la playa o la piscina. Llevar este tipo de calzado por tiempo prolongado altera la pisada y genera un roce que favorece la aparición de ampollas y asperezas.
Si los problemas de resequedad ya están presentes, se debe evitar el uso agresivo de limas caseras. En su lugar, si hay dolor, sangrado o marcas persistentes, lo indicado es acudir a una consulta médica especializada para recibir el tratamiento correcto.
Fuente: 2001
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