16 de septiembre de 2026
Península de Paraguaná, Estado Falcón Venezuela
Tendencias

Raíces fuertes y mentes libres: El secreto de la resiliencia infanto-juvenil

La autoestima no es una capacidad innata; es una construcción psicológica activa de la identidad y el valor del que tenemos como individuos, que se alimenta de las interacciones cotidianas. Para los niños y adolescentes, esta construcción ocurre a través de las experiencias vividas, el entorno familiar y los mensajes que se reciben de los adultos significativos y también de sus amigos o pares.

A continuación, vamos a observar algunos aspectos a tener en cuenta para fomentar, comprender, proteger y potenciar esta autoestima desde las etapas de vida más tempranas y vulnerables:

El Rol Primordial de los Padres: El Espejo del Respeto

El desarrollo de una autoestima sana no ocurre de forma aislada; comienza en el hogar. Los hijos absorben e imitan las dinámicas relacionales de sus progenitores.

  • El ejemplo relacional: Es indispensable que los padres muestren afecto, madurez y un profundo respeto mutuo. No es estrictamente necesario que los padres se mantengan juntos en una relación sentimental para proteger la autoestima de sus hijos, pero es obligatorio que compartan un marco de respeto inquebrantable.
  • Vínculo colaborativo: Cuando los hijos presencian que los adultos comparten la responsabilidad de su crianza desde el respeto y la armonía, asimilan un modelo sólido de valor personal y seguridad Si como padres se utilizan a los hijos como mensajeros o armas en sus conflictos, ellos internalizarían que su existencia es una fuente de tensión. Esto destruye su seguridad básica.

Es por ello necesaria la Consistencia Interparental, que no es más que ver a papá y mamá cooperar entre sí, ponerse de acuerdo en las normas y validarse mutuamente, lo cual le transmite a los hijos que “su hogar” en el mundo es un lugar seguro, predecible y estructurado, aunque hayan diferencias, aunque no sea perfecto.

La Materialización del Valor y el Peligro de las Comparaciones

Tanto en la infancia como en la adolescencia, sobre todo en esta última, cobra gran protagonismo el grupo de iguales (amigos, compañeros de estudio, primos, conocidos, pares). Es en este escenario donde surgen muchas comparaciones, y que si la identidad y el conocimiento del valor que posee de sí mismo ese niño o adolescente no es sólido, pueden surgir algunas de las trampas psicológicas más destructivas para el autoconcepto-autoestima:

  • Distorsión de la autopercepción física y social frente a la diferencia: El cuerpo y la apariencia física se convierten en el foco de atención, especialmente en la pubertad.
  • El peso de la minoría: Ser el “gordito” “bajito” “altísimo” “negro” “chino” puede disparar sentimientos de inadecuación si el entorno no celebra la El menor asume la «rareza» como un defecto estético o social y el diálogo interno se ve impactado con frases de minusvalía como: «soy el más feito».
  • La distorsión de las redes sociales: las comparaciones también tienen lugar en el uso de El público adolescente inevitablemente va a observar en la redes sociales cuerpos filtrados y vidas perfectas, lo que genera brecha entre su «yo real» y el «yo ideal» de internet.
  • La Materialización de la Identidad «Tengo, luego existo»: En una sociedad altamente consumista, los niños y adolescentes tienden a desplazar su valor interno hacia los objetos que poseen. Si no se educa al respecto y se acepta y promueve esta situación, ellos pueden llegar a mantener creencias erróneas de acuerdo a que su valor sea equivalente al morral o los zapatos de marca, si ya tiene el último artículo electrónico o si llega a tener acceso a suscripciones en RRSS o IA.
  • La trampa del “Te lo compro porque te quiero”: Muchos padres intentan aliviar su culpa por la ausencia, falta de tiempo para compartir con los hijos o cansancio por la rutina comprándoles desmedidamente juguetes, chucherías, dispositivos electrónicos u otros bienes materiales. Esto refuerza el problema, enseñando a niños y adolescentes que el afecto y el estatus están condicionados a transacciones económicas, debilitando la capacidad de regulación emocional y tolerancia a la frustración ante la escasez, la diferencia o cuando las cosas “no le salgan bien”.

Señales de Alerta: ¿Cuándo Encender las Alarmas?

Para intervenir a tiempo, los padres y cuidadores deben mantenerse atentos a los primeros indicios de lo que es una autoestima en desequilibrio. Aquí van algunos ejemplos de ciertas conductas extrañas o sutiles, así como cambios de comportamiento que son dignos de hacer seguimiento:

  • Verbalizaciones negativas: Expresiones frecuentes de autodesprecio como «no puedo», «todo lo hago mal», “soy tonto”, o «soy feo/a».
  • Aislamiento social: Retraimiento voluntario, rechazo a interactuar con amigos o resistencia a asistir a la escuela.
  • Dependencia extrema de la aprobación ajena: Necesidad constante de validación externa o una hipersensibilidad ante cualquier crítica o error.
  • Cambios drásticos de humor: Manifestaciones de frustración, irritabilidad o apatía ante actividades que antes disfrutaban.
  • Perfeccionismo extremo: necesidad de hacer todo para evitar equivocarse, buscando la aprobación de los padres o cuidadores llegan al extremo de sobre exigirse, buscar ser “perfectos”, notas sobresalientes y no por amor al estudio sino por un gran miedo al fracaso y a perder la aprobación y/o atención de sus significativos.
  • El Sabotaje Anticipado (Evitación): El niño se niega en redondo a participar en actividades nuevas (deportes, talleres, exámenes) argumentando que no le interesa. Detrás de la apatía suele esconderse un miedo paralizante al fracaso y ser juzgado. La lógica que aplica es: «Si no lo intento, no fracaso; si no fracaso, no confirmo que no valgo nada».
  • Justificación Constante por existir: ocurre mucho en adolescentes que someten a extremo los argumentos que sostienen la vida, la integridad de la humanidad, criticando todo lo que sucede con el progreso y reduciendo las explicaciones a “todos nos vamos a morir” “el que no tenga miedo a morir que no nazca” “vivimos hoy, mañana no sabemos”.

Gestión de Crisis de Autoestima: ¿Qué hacer?

Paso 1: Contener

Antes de emitir cualquier palabra, el entorno y tu lenguaje corporal deben comunicar seguridad absoluta.

  • Qué hacer: Baja a la altura de sus ojos si es un niño, o busca un espacio privado y sin interrupciones, con pantallas apagadas si es un adolescente. Mantén una postura abierta y un tono de voz bajo y pausado.
  • Qué evitar: Iniciar la conversación mientras haces otra cosa (cocinar, revisar el teléfono) o gritar desde otra habitación. La prisa destruye la confianza.

Paso 2: Validar

Es necesario hacer el “puente emocional”: Validar la emoción no significa darle la razón a su pensamiento destructivo, o esa creencia errónea, significa respetar su sufrimiento. Un niño o adolescente necesitan saber que comprendes su dolor antes de que intentes cambiar su forma de pensar.

Minimizar su dolor con frases como “no es para tanto”, Anular su experiencia “Eso que dices es una bobada, una tontería de muchacho”, o Condicionar el afecto “si sigues llorando me voy a ir de aquí y te voy a dejar solo” deben evitarse, porque el menor no deja de sentirse mal; solo aprende que no puede confiar en ti para expresar lo que le pasa.

Paso 3: Desafiar

La idea es cuestionar la creencia errónea responsablemente. Una vez que el llanto o la rabia han disminuido, es momento de separar la emoción de los hechos reales. Aquí se desarman las generalizaciones destructivas. Ayudas al menor a entender que un error o una característica física no definen la totalidad de su identidad.

  • Qué decir: «¿Por qué dices que eres bruto? ¿Qué pasó específicamente hoy?» (Lleva el problema a un evento puntual). «Entiendo que hoy te sientes feo. Pero recuerda que las personas somos valiosas por un conjunto de cosas. ¿Qué cosas te gustan de ti además de lo físico?» «Haber reprobado este examen significa que necesitas repasar más ese tema, no significa que tú no sirvas para estudiar.»
  • Qué evitar: Los elogios exagerados e irreales generan desconfianza “eres el niño más hermoso de la escuela”. Enseñar a defenderse atacando reproduce el ciclo de comparación “Es que tu también eres así siempre, igualito” Usar la vulnerabilidad para dar sermones o regañar “Tu siempre haces esas cosas, no se de que te quejas”.

Pasas del «soy un fracaso» (identidad) al «cometí un error hoy» (conducta).

Paso 4: Enmarcar

Tu hijo necesita que le devuelvan la calma y el control recordándole que SI es capaz de hacer y tomar decisiones, y que cuenta con tu respaldo incondicional.

Sobreprotegerle, compararlo con otros significativos, anestesiarlo con lo material “para mantenerlo contento”, minimizar sus sentimientos y experiencias, así como invalidar lo que está sintiendo para condicionar su afecto “porque ya no debe llorar, o que no es para tanto” ocasionan peores consecuencias a futuro.

Si sientes que ya la situación ha llegado a generar alarma, como las aquí descritas, lo ideal es buscar ayuda especializada. Acudir al psicólogo es la mejor opción.

Revisado por: Franliz Abreu

Lcda. en Psicología UCV FPV 6108 – SACS MPPS 340

Consulta Presencial: Centro Medico Integral RGC, Urb. Santa Irene. Punto Fijo Edo. Falcón Consulta Online

@psicofranliz Telf. 0424-6973516

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