Siete personas fueron asesinadas por una bomba de Israel lanzada durante la noche del pasado domingo 10 de agosto. Entre los muertos se encuentran al corresponsal de Al Jazeera, Anas Al-Sharif, y Mohammed Qreiqea, otro periodista, junto a cuatro colegas más.
Eran uno de los pocos comunicadores que seguían vivos en la Franja de Gaza.
Anas Al-Sharif, un joven de tan solo 28 años de edad, tenía una de los rostros más reconocibles del periodismo en Gaza. Por 22 meses ininterrumpidos, Al-Sharif le mostró al mundo el brutal sufrimiento del pueblo palestino ante los ataques israelíes.
Reportaba en árabe y sus noticias eran retransmitidas en todo el mundo, donde documentó hospitales colapsados, niños mutilados, familias muertas bajo los escombros, y al pueblo palestino en un estado de hambruna extrema.
Antes de su asesinato, expresó en sus redes sociales: «Bombardeos ininterrumpidos…, la agresión israelí contra la ciudad de Gaza se ha intensificado».
El ejército de Israel admitió la responsabilidad del ataque, y también justificó la muerte de Al-Sharif al acusarlo de formar parte de Hamas y de lanzar cohetes contra civiles israelíes, declaraciones hechas por Israel sin ningún tipo de evidencia mostrada.
Hasta ahora, los datos de la Organización dr las Naciones Unidas (ONU) indican que 232 periodistas han fallecido en la Franja, convirtiendo a Gaza en el lugar más peligroso para ser periodista en el mundo.
En Gaza, los chalecos de prensa son un blanco fácil para ataques. «Nuestros chalecos nos están convirtiendo en objetivos. Es una sentencia de muerte», denunció la reportera libanesa Christina Assi. Ella perdió una pierna en un ataque similar.
La condena de los periodistas no solo se deben a las bombas, sino también al hambre. Los comunicadores en Gaza no solo reportan la hambruna, ellos la viven en carne propia. La mayoría no tiene acceso a electricidad, internet y alimentos.
“Me tambaleo de hambre, tiemblo de cansancio y lucho contra el desmayo”, compartió Al-Sharif semanas antes de perder la vida. “Gaza está muriendo y nosotros estamos muriendo con ella”.
A pesar de que en las últimas semanas países como Gran Bretaña, Francia y Grecia han condenado la expansión de la ofensiva israelí, no han realizado acciones determinantes para detener los ataques. En Tel Aviv, muchos israelíes han protestado exigiendo el fin de la guerra y la liberación de rehenes, bloqueando carreteras y quemando neumáticos. En Israel ya no aceptan las excusas de Benjamin Netanyahu.
Sin embargo, periodistas como Al-Sharif son los que pagan el precio de no callar con su propia vida. Según un artículo publicado por el Instituto Watson de la Universidad de Brown, el periodista Nick Turse advierte que se depende cada vez más de corresponsales locales en zonas de conflicto, periodistas que trabajan sin los recursos necesarios y sin protección.
En Gaza, el 46% de los periodistas asesinados fueron en la ciudad de Gaza, donde el 80% tenía entre 21 y 40 años de edad. Los jóvenes periodistas palestinos son quienes han arriesgado sus vidas para que el resto del mundo no olvide ni niegue la existencia de la indescriptible opresión que Israel le ha impuesto al pueblo de Palestina.
Fuente: Pegaísima 91.7 / Claudia Guarecuco (con información de Últimas Noticias).
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