12 de abril de 2024
Península de Paraguaná, Estado Falcón Venezuela
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El motivo por el que ningún buzo puede llegar a los restos de Titanic

El hundimiento del Titanic es considerado uno de los grandes desastres marítimos de la historia. Dicha tragedia se dio el 15 de abril de 1912 con 2223 pasajeros a bordo, de los cuales sobrevivieron 706. Con el paso del tiempo, los especialistas empezaron a indagar sobre los motivos que condujeron a este trágico desenlace y, años más tarde, en 1985, dieron con partes de este barco que llamó la atención de todos.

Siendo el objetivo de los apasionados por la historia, el hundimiento del Titanic abrió un nuevo paradigma y es ahí donde los buzos, quienes se dedican a moverse en las profundidades del océano, indagaron sobre la posibilidad de trasladarse hacia esas latitudes. Sin embargo, las noticias no son alentadoras.

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Al estar a más de 4 kilómetros por debajo del mar, las posibilidades de llegar a conocer lo que quedó del Titanic son ínfimas. Esto se debe a una cuestión meramente física, que excede cualquier deseo de traspasar los límites. Sucede que nuestro cuerpo puede aguantar hasta cierta distancia a la hora de meterse a las profundidades del agua y la propia naturaleza se encarga de complicar el trayecto al establecer una presión cada vez más intensa y molesta que dificulta la capacidad de respirar.

 Para dar aún más detalles y así descartar por completo la idea de poder llegar a lo que queda de la embarcación, especialistas en buceo indicaron que a medida que el cuerpo se sumerge, comienza a experimentar diferentes sensaciones que le son ajenas al día a día. Un ejemplo, es que el tímpano se comprima y eso genere un dolor agudo muy difícil de soportar.

Una vez que se pasa la barrera de los 30 metros por debajo del agua, el cuerpo empieza a sentirse apretado, comprimido y los tanques de oxígeno no son capaces de regenerar el aire, sino más bien lo contrario: envenena al cuerpo con toxinas y genera un efecto contraproducente al provocar un desequilibrio en el organismo.

A pesar de estar en forma y preparado física y mentalmente para nadar en las profundidades, los buzos se topan con limitaciones a diario. Una vez pasada la barrera de los 40 metros, los expertos aseguran que el cuerpo empieza a experimentar “euforia, dolor de cabeza intenso y desorientación”. Cuanta más profundidad, más se acrecienta la sensación de calambres en los pies, náuseas, visión reducida y convulsiones que haría inviable la expedición hacia el Titanic.

Con este panorama presentado, solo muy pocos buzos en el mundo pueden aventurarse a tamaña expedición donde se puede perder hasta la conciencia por el simple hecho de conocer algunas partes de esta embarcación reconocida mundialmente y que, a pesar de los años, continúa siendo motivo de estudio.

De esta forma, se descartó casi por completo la idea de descender más de 4 kilómetros en busca de conectarse con este enorme buque que colisionó contra un iceberg en el Océano Atlántico y su recorrido estaba establecido desde Southampton, Inglaterra, hasta Nueva York, Estados Unidos, con un gran número de tripulantes.

Fuente: La Nación