Las enfermedades degenerativas de la retina, como la degeneración macular y la retinitis pigmentaria, afectan actualmente a millones de personas en todo el mundo. Estas patologías provocan una pérdida progresiva y severa de la visión, lo que deteriora gravemente la independencia física de los pacientes y genera un gran impacto económico a nivel global.
Hasta hace poco, la ciencia médica se enfrentaba a grandes limitaciones para tratar estas dolencias, ya que las células fotorreceptoras del ojo mueren de manera irreversible. Las alternativas tradicionales para intentar recuperar la vista solían requerir cirugías sumamente complejas, terapias genéticas de alto costo que solo funcionan en casos muy específicos o la implantación de chips electrónicos muy invasivos en el ojo.
Por esta razón, el desarrollo de métodos sencillos que logren devolver la sensibilidad visual de forma segura representa hoy por hoy uno de los mayores desafíos y objetivos para la oftalmología médica moderna internacional.
El futuro de la recuperación visual no invasiva
Esta innovadora solución consiste en el diseño de unas pequeñas moléculas inteligentes, llamadas prosthe6, que funcionan como una prótesis molecular directamente en el ojo. Cuando los fotorreceptores naturales mueren debido a la enfermedad, el circuito del ojo deja de recibir la información necesaria para enviar imágenes al cerebro.
El nuevo fármaco se aplica de forma sencilla y se adhiere directamente a las neuronas que aún quedan sanas y funcionales en la retina. Al recibir la luz natural del día o de una lámpara común, las moléculas cambian su forma de inmediato para reactivar de manera natural la transmisión de las señales visuales al cerebro.
Los científicos probaron este tratamiento con un éxito sorprendente en dos modelos de animales ciegos. Por un lado, unos pequeños peces recuperaron la capacidad de seguir movimientos con la mirada mediante reflejos visuales complejos. Por otro lado, un grupo de ratones ciegos volvió a distinguir la luz de la oscuridad de manera espontánea tras recibir el tratamiento.
Una de las grandes ventajas de esta tecnología es que los compuestos son totalmente solubles en agua, lo que permitiría aplicarlos en un futuro cercano mediante colirios cotidianos sin cirugías molestas.
Aunque el proyecto todavía se encuentra en una etapa de experimentación científica y debe ser probado próximamente en humanos, los expertos destacan que este avance abre una puerta real hacia un tratamiento universal, muy económico y reversible que podría transformar por completo la calidad de vida de todas las personas que sufren de ceguera en el mundo.
Fuente: 2001
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