El presidente más reciente de Colombia prestó juramento el viernes. El lunes, ocurrió un desastre.
El presidente, Abelardo de la Espriella, es un exabogado penalista sin experiencia política previa. Llegó al poder con promesas de tomar medidas enérgicas contra el crimen y los grupos armados que han resurgido en su país y recibió el respaldo del presidente Donald Trump.
Se postuló como populista y prometió reducir el tamaño del Estado y abordar un enorme déficit presupuestario después de cuatro años de lo que muchos llamaron un gasto descontrolado bajo el mandato de Gustado Petro, el primer presidente de izquierda de Colombia.
De la Espriella anunció antes de asumir el cargo que gobernaría desde la costa caribeña de Colombia, cerca de donde se crio, en lugar de hacerlo únicamente desde la capital de alta montaña, Bogotá. Prometió dedicar tiempo a recorrer el país y atender las necesidades de los votantes, en lugar de permanecer instalado en la capital.
Ahora, a días de iniciado su mandato, De la Espriella enfrenta su primera gran prueba.
En un breve video publicado en las redes sociales el lunes por la mañana, que parecía haber sido grabado desde el avión presidencial, dijo que había cancelado sus planes de viaje y se dirigía a Bogotá, donde lideraría “personalmente” la respuesta al desastre.
Con información de The New York Times

