7 de octubre de 2026
Península de Paraguaná, Estado Falcón Venezuela
Falcón

Puerto Pesquero de Río Seco sobrevive a la sed gracias a las casimbas ancestrales

Ante la falta del suministro de agua potable, los habitantes de puerto pesquero de Río Seco mantienen viva una tradición de pozos artesanales que les provee agua dulce filtrada por la tierra.

En este pueblo pesquero, ubicado a 15 kms de la vía Falcón-Zulia, el vital líquido no llega por tuberías, sino que se busca bajo la tierra.

Casimbas ancestrales en Río Seco

El líquido se va acumulando lentamente en el fondo, limpio, cristalino y, lo más importante, dulce y libre de salinidad, tras filtrarse por capas de arena y sedimentos. La carencia ha impuesto su propio horario.

Todos los días, desde la madrugada, el entorno de las casimbas se convierte en el punto más concurrido de Río Seco.

Muchas familias hacen colas con bidones, tobos y pimpinas vacías. Esperan por horas su turno para llenarlos y luego cargarlos, a veces en hombros o en carretillas, hasta sus hogares.

Esta agua racionada es la que alcanza para todo: consumo humano, preparación de alimentos, aseo personal y las tareas del hogar.

Voces que retumban

Entre la oscuridad y el cansancio, se escuchan las historias de quienes resisten, Ramón Velasco, uno de los adultos mayores de la comunidad, lleva toda una vida en esta faena.

Con la voz pausada y el hombro marcado por el peso de los años, cuenta: «Yo desde niño cargo agua en el hombro para llevar a mi hogar. ahora ya viejo sigo en lo mismo. Gracias a las casimbas no nos hemos muerto de sed».

A su lado, Francisco Roque no oculta su fe y su agradecimiento por el recurso que la tierra aún les regala:

«Le damos gracias a Dios por este recurso que todos nosotros aprovechamos. Es una bendición que en medio de tanta necesidad, la tierra nos dé esta agüita dulce».

El camino hasta las casimbas también es un desafío. Orlando y Alexis Colina, deben alumbrarse para no tropezar en la oscuridad de la madrugada.

«Nosotros salimos con unas pantallas o linternas para ver el camino, por temor a alguna culebra o algún otro obstáculo. A esa hora no se ve nada y hay que cuidarse mucho, pero no queda de otra», relatan.

Uno de los más madrugadores es Jesús Colina, quien ya tiene su rutina cronometrada para poder abastecer a su familia:

«Yo desde las 4 de la mañana estoy aquí, con dos bidones al hombro hago varios viajes para llevar el vital líquido. Uno solo no alcanza. Hay que venir dos, tres veces si uno quiere tener agua para todo el día».

Mientras no hay una solución definitiva al sistema de agua potable, en Río Seco la resistencia se mide en tobos.

Las casimbas, ese hoyo humilde en la tierra, se han convertido en el garante de la subsistencia de todo un pueblo.

Lejos de ser un recuerdo del pasado, las casimbas son hoy el único recurso de emergencia que mantiene con vida a la comunidad.

Las casimbas son pozos artesanales excavados a mano.

Una tradición ancestral que los pobladores se han negado a dejar morir, ellos con herramientas rudimentarias como picos y palas, perforan la tierra en las zonas más húmedas cercanas al lecho del río.

Para evitar que la tierra ceda, refuerzan sus paredes con piedras apiladas una sobre otra.

Su funcionamiento es una lección de la naturaleza, no es agua estancada. es agua que se obtiene por filtración natural.

Fuente: Nuevo Dia

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