María Corina Machado, la líder opositora venezolana y premio Nobel de la Paz, se encuentra en un silencio estratégico en Panamá, donde ha mantenido un perfil bajo y escasas apariciones públicas. Desde su llegada, ha intentado regresar a Venezuela en al menos siete ocasiones, siempre frustrada por las circunstancias. «Cuando estamos en silencio estamos trabajando», dice una fuente cercana a ella, reflejando un enfoque cauteloso mientras esperan las condiciones adecuadas para avanzar.
Este discreto comportamiento contrasta con su visita a Panamá en mayo de 2026, cuando la política venezolana realizó una gira internacional tras recibir el Nobel de la Paz. En esa ocasión, Machado tuvo una agenda apretada, con una rueda de prensa, un encuentro multitudinario y una reunión con el presidente panameño, José Raúl Mulino. En aquel entonces, su presencia era un símbolo de esperanza para muchos venezolanos.
La líder opositora había salido de Venezuela clandestinamente, enfrentando el riesgo de detención, y su viaje a Oslo fue un testimonio de su lucha por la democracia en su país. En su gira, que incluyó paradas en EE.UU., Chile, Francia y España, buscaba consolidar apoyos para una transición democrática en Venezuela, especialmente tras la captura del entonces mandatario Nicolás Maduro el 3 de enero.
Machado ha señalado a Panamá como un «segundo hogar», donde se custodian actas de votación que respaldan su denuncia de fraude en las elecciones presidenciales de julio de 2024, en las que Edmundo González Urrutia es considerado el verdadero ganador. Sin embargo, a pesar de su evidente conexión con el país, su presencia ha sido casi inexistente en los últimos meses.
El 29 de junio, Machado publicó un video desde Panamá, afirmando que el Gobierno venezolano había cerrado el espacio aéreo comercial para impedir su regreso tras un devastador doble terremoto en el litoral central del país. Desde entonces, su única aparición pública fue el 5 de julio, en una misa en memoria de las víctimas del sismo.
Recientemente, se conoció que tres intentos de salir de Panamá fueron frustrados, ya que las islas cercanas de Curazao, Bonaire y Aruba negaron el permiso de aterrizaje a su vuelo privado. Esta situación ha llevado a analistas a especular sobre un cambio en la postura de Panamá respecto a la crisis venezolana, influenciada por la creciente relación entre el presidente estadounidense Donald Trump y la heredera del chavismo, Delcy Rodríguez.
El excanciller panameño Jorge Eduardo Ritter subrayó que, aunque el Gobierno de Mulino no reconoce a las autoridades venezolanas, ya no sostiene una postura tan firme sobre la necesidad de que González asuma la presidencia. Esto se evidencia en declaraciones recientes de Mulino que sugieren un cambio en la narrativa sobre las elecciones pasadas.
Por su parte, el analista José Stoute considera que Panamá está lidiando con una compleja dualidad: apoyar a Machado mientras se mantiene en buenos términos con Washington. Este equilibrio se traduce en restricciones que impiden su salida, a pesar de los esfuerzos diplomáticos.
Machado, sin embargo, se mantiene firme en su propósito: «Estoy decidida a regresar a casa para estar al lado de nuestro pueblo y trabajar con todos los que estén listos para reconstruir nuestra nación», afirmó recientemente. Un compromiso que resuena en medio de un entorno político cada vez más incierto.
Fuente: Versión Final
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